martes, 6 de septiembre de 2011

Rumbo

 La vieron marcharse. Era de noche. Hacía frío. Solo llevaba consigo la pared del cuarto donde él le escribió un poema alguna vez, un día sin fecha en el calendario. Era viernes. Se colgó las palabras en los hombros y comenzó su viaje sin rumbo. Caminó por las estrellas, descansó en la luna, y corrió sobre las lágrimas por encima de los cráteres de Mercurio. Al amanecer se encontró a milímetros del sol. Aguardó el primer rayo, tiró con fuerza la pared y se dejó caer al vacío.

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